miércoles, 15 de abril de 2009

El mercader de San José

Si hace un par de meses se le hubiera preguntado a Antonio Sevilla sobre su negocio, él hubiera respondido que era pura cuestión de oferta y demanda, y no hubiera estado equivocado. Puede que algunos legisladores consideren que lo que él hacía era reprochable e ilegal, pero para Antonio eso es simplemente un asunto de opiniones, y las opiniones son como un culo, todos tienen uno pero nadie admite que el propio huele a caca.

El negocio funcionaba así: Antonio manejaba un modesto camión, con ligeras especificaciones que permitían la especialización de los bienes que transportaba. interiores acolchados, algo de ventilación, cadenas y un sistema básico de monitoreo de la mercancía, en fin, nada muy elaborado. Antonio se encargaba únicamente de la compra y venta de personas, nunca ofrecía servicios aduaneros, de almacenamiento ni mantenimiento. Todos estos servicios adicionales requerían recursos y conocimientos con los cuales Antonio no contaba, por lo cual él decidió quedarse en su charco. Por supuesto que esto no significaba que él era un mediocre, de hecho, aprovechando su infraestructura y sus contactos, Antonio tenía en marcha un segundo negocio de coyotaje.

La empresa iba bastante bien, la globalización le abrió las puertas a productos de todo el mundo, los camiones eran de última categoría y totalmente camuflados (más de una vez lo habrán visto sin darse cuenta), él disfrutaba de sus labores como camionero, podía viajar por todo el país, y los inconvenientes no eran comunes. El negocio era ignoto entre las autoridades y estimado por sus clientes, sujetos algo macabros con los cuales Antonio no quería juntarse más de lo necesario. Los explotadores de niños hacían fiestas perturbantes, los tratantes de blancas siempre ofrecían agregados no muy bienvenidos al pago habitual, y los empleadores esclavos eran bastante groseros, pero bueno, cada trabajo tiene sus problemas.

En uno de sus tantos viajes, Antonio se enfrentó a una situación comprometedora. Verán, hay tres reglas de oro inquebrantables cuando se trata del manejo de bienes humanos: cada lote ha de alcanzar su destino sin tener idea alguna de donde se encuentra este, las condiciones de cada unidad han de ser, como mínimo, las necesarias para empezar inmediatamente con sus labores, sean trabajos forzados, explotación sexual o disfrute personal, y la cantidad de unidades no ha de variar de la estipulada. Por motivos de fuerza mayor, Antonio incumplió con las tres reglas de oro de una sola vez.

El cliente era uno de sus muchos tratantes de blancas, el cargamento no era particularmente valioso, la paga hubiera sido la habitual y el viaje pudo haber sido rutinario. Lastimosamente, una de las unidades sufrió un colapso con consecuencias desastrosas. Los colapsos no eran algo fuera de lo común; la deshidratación, las altas temperaturas o el sencillo pero poderoso miedo eran capaces de dañar a la mercancía, por lo cual Antonio siempre se aseguraba de mantener monitoreado a su cargamento. Él estaba listo para lidiar con desnutrición, colapsos nerviosos, hiperventilación, ataques de asma, diabetes y muchas más condiciones comunes entre las personas en esa situación, pero Antonio nunca hubiera esperado un parto en sus camión.

Antonio intentó en vano ignorar la situación de la muchacha, los imprevistos que había tenido previamente no fueron motivo suficiente para violar ninguna de las reglas y esta vez no iba a ser la excepción, según él…

En medio de San José, a altas horas de la noche y sin los conocimientos ni el equipo ginecológico necesario para traer a un niño al mundo, Antonio manejaba su camión entre los sollozos de la muchacha y los gritos por clemencia de sus acompañantes sin ser distraído por la situación. Fue el instantáneo y efímero recuerdo de su hermano menor, aquel que nunca pudo conocer, el que se escapó de las memorias que todo hombre pierde en su nuca hasta llegar al su corazón.

Todo se detuvo de repente, alguien ha respondido a nuestras plegarias. Luz artificial entró al lugar acompañada de un hombre en sus cincuentas, regordete, de tez morena y colochos que claman por un corte. Él traía un simple botiquín y la misma cara de miedo que todas nosotras.

-“¡Gracias a Dios, por favor ayúdenos señor!”

El hombre se acercó a la muchacha que respiraba costosamente en el suelo, miró a su alrededor como quien busca instrucciones y suspiró tratando de aspirar algo de inspiración divina. Ninguna de nosotras sabía qué hacer exactamente, unas se dedicaron a alentar a muchacha, otras alentaban al hombre, unas escaparon cobardemente mientras algunas lloraban en una esquina.

-“¿En donde estamos?”- pregunté apenas pude poner en orden mis ideas

-“San José”- Contestó el señor sin pensarlo dos veces, aunque en seguida puso la cara de quien debió haberlo pensarlo dos veces.

Antonio soltó todo y salió disparado de ahí, dejando a la niña cubierta en sangre y a la chiquilla palideciendo en el suelo y viceversa. Los candados sellaron la puerta, las llaves temblaron antes de encender el camión, y el sudor invadió al partero.

El cliente recibió la mercancía receloso. Si no hubiera un bebé en el lote nunca lo hubiera creído. Él se dirigió a Antonio, preguntando con ojos llenos de fantasía retorcida:

-“¿Cuánto por la carajilla?”

Antonio acababa de violar las reglas de oro, ahora se presentaba la milagrosa oportunidad de escapar del tortuoso destino que tienen quienes decepcionan a ese tipo.

¿A cuantas personas habrá condenado? él no sentía el dolor de los otros ¿Sería capaz de condenar a una recién nacida a la misma vida de miseria que le esperaba a esas muchachas? los llantos nunca habían atormentado sus noches ¿A cuantos más va a destinar al infierno? De algo hay que vivir, casualmente Antonio vivía de los otros. ¿Podrá resistir una vida marcada por las llamas y la navaja?


Antonio Sevilla siempre se arrepintió de su decisión.

3 comentarios:

Marin dijo...

Muy bueno.
Es el primer cuento o hay entradas anteriores?

Nayuribe dijo...

Pues hasta que al fin... me gustó bastante.
Ojalá los del concurso hayan estado como éste...

corsi dijo...

ESTUPENDO!!
Muy interesante su blog!!
Compartimos vivencias?
Visitenos cuando guste!
http://accademiaeuropeafirenze.blogspot.com/